Un proyecto hídrico boliviano puede afectar la vida de miles de salteños
El Proyecto Carrizal es un dique que se hará en la cuenca alta del río Pilcomayo. Ambientalistas, científicos, indígenas y organizaciones critican la vieja iniciativa del presidente Paz. ¿Qué pasa con Salta?
El gobierno del presidente boliviano Rodrigo Paz suma un nuevo frente de conflicto. Y esta vez, ese foco, también toca a Salta, Formosa y Paraguay.
Como un manotazo de ahogado, el presidente Paz decidió reactivar el cuestionado proyecto hidroeléctrico El Carrizal, una iniciativa concebida en la década de 1980 y que vuelve a instalar un fuerte debate ambiental, social y político en Bolivia por sus posibles impactos sobre la cuenca del Río Pilcomayo y los pueblos que dependen de él.
Para quien no sepa, el Pilcomayo nace en las alturas de Bolivia y luego ingresa al Chaco americano atravesando suelo salteño en la cuenca baja. Sigue hasta que se encuentra con el río Paraguay. Toda esa agua luego llega al Paraná.
El emprendimiento, ubicado entre los departamentos de Tarija y Chuquisaca, busca aprovechar las aguas del río Camblaya-Pilaya para la generación de energía eléctrica. Según datos oficiales boliviano, demandaría una inversión de entre 900 y 1300 millones de dólares y tendría una capacidad de generación estimada en 1842,8 gigavatios por hora.
Sin embargo, científicos, ambientalistas y pueblos indígenas advierten que la obra podría alterar gravemente el equilibrio ecológico del sistema hídrico del Pilcomayo, uno de los ríos más dinámicos y biodiversos de Sudamérica; un río que atraviesa todo el Chaco americano. El proyecto ya había generado divisiones fuertes durante el gobierno de Evo Morales. Se lo estudió, se pensaba que estaba desestimado y ahora vuelve a tomar impulso con respaldo de legisladores, entidades cívicas y un financiamiento internacional gestionado a través de la CAF del Banco de Desarrollo de América Latina.
La bióloga boliviana Ludmila Pizarro, integrante de la Fundación BioChaco y de la Plataforma Ambiental Villa Montes, cuestionó la falta de estudios definitivos de impacto ambiental y alertó sobre las consecuencias que podría provocar la regulación del caudal del río sobre el ciclo reproductivo de los peces migratorios, especialmente el sábalo, especie clave para la economía y la alimentación de las comunidades indígenas y pescadoras del Gran Chaco.
Según explicó, las represas modifican las señales naturales que permiten el desove, alteran la temperatura del agua y funcionan como barreras físicas que impiden la migración de los peces hacia sus áreas reproductivas. “Los principales impactos incluyen el bloqueo físico, la falta de señales ambientales, la destrucción de nidos por cambios rápidos de caudal y la imposibilidad de que las larvas sobrevivan”, sostuvo.
El río Pilcomayo sostiene gran parte de la pesca del sábalo en Bolivia y constituye la base económica y alimentaria de pueblos indígenas como los Pueblo Weenhayek, tapietes y guaraníes. Además, la dinámica natural de crecientes y estiajes permite la formación de humedales fundamentales para la reproducción de peces y la agricultura de subsistencia.
En Salta, los indígenas ubicados en nuestro territorio también subsisten de la pesca. Uno de los impactos más sensibles para Salta sería la afectación de la pesca del sábalo, especie central para las comunidades ribereñas del norte provincial. El Pilcomayo es uno de los principales corredores migratorios de peces de la región y cualquier interrupción en el flujo de agua o cambios en las señales ambientales del río podría reducir el desove y la reproducción de las especies migratorias. Eso afectaría especialmente a pescadores criollos e indígenas de localidades como Santa Victoria Este y otras poblaciones del departamento Rivadavia.
El Pilcomayo es una cuenca trinacional compartida entre Bolivia, Argentina y Paraguay, por lo que expertos consideran que una obra de esta magnitud debería contemplar evaluaciones integrales y acuerdos entre los tres países antes de avanzar. En los tres países viven comunidades indígenas y aún no se hizo la consulta.
Sedimentación
Los cuestionamientos no se limitan al impacto pesquero. El director de la organización Nativa, Iván Arnold, advirtió que la represa podría alterar profundamente el cañón del Pilaya —considerado uno de los más profundos del mundo— y poner en riesgo especies amenazadas como cóndores y osos andinos.
Arnold también alertó sobre el problema de la sedimentación, una de las principales características del Pilcomayo. Recordó que el río arrastra más de 200 millones de toneladas de sedimentos por año y planteó dudas sobre la vida útil de la obra. “La extrema sedimentación puede colmatar la represa en pocos años, como ocurrió con el embalse Itiyuro en Argentina”, señaló.
Los expertos sostienen además que la retención de agua y sedimentos podría afectar a toda la cuenca trinacional compartida entre Bolivia, Argentina y Paraguay, alterando ecosistemas y economías regionales a cientos de kilómetros de distancia.
En Bolivia, desde el pueblo Weenhayek ya expresaron su rechazo al proyecto y anunciaron una asamblea para unificar posiciones frente al avance de la iniciativa. Francisco Nazario, capitán grande de la organización indígena en Tarija, afirmó que existe preocupación por el futuro del río y por la posible caída de la producción pesquera. “Es la fuente de subsistencia más importante que tenemos”, advirtió.
¿Qué dice la ciencia?
En 2022, un grupo de veinte científicos de Bolivia, Argentina, Países Bajos, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos difundió un documento en el que concluyeron que El Carrizal alterará la integridad ecológica del Pilcomayo, reducirá el área apta para el crecimiento del sábalo y provocará pérdidas económicas y sociales para comunidades indígenas, pescadores, comerciantes y trabajadores vinculados a la pesca.
El informe también advierte que la construcción del embalse implicaría inundaciones de tierras cultivables y el desplazamiento de comunidades rurales, con el riesgo de migraciones forzadas hacia periferias urbanas.
Pese a las críticas, desde la Brigada Parlamentaria de Tarija impulsan la socialización del proyecto y destacan supuestos beneficios como el riego de unas 90 mil hectáreas y la generación de energía renovable en un contexto de caída de la producción gasífera boliviana.
El diputado Rodrigo Fuenzalida aseguró que el proyecto “no afectará al medioambiente ni a la pesca” y defendió la necesidad de avanzar hacia nuevas fuentes energéticas para el sur del país.
Pero las organizaciones ambientales insisten en que utilizar agua del Pilcomayo para riego agravaría aún más la crisis hídrica de la cuenca y podría potenciar problemas ya existentes, como la contaminación minera con metales pesados.
Mientras el debate crece, el proyecto El Carrizal vuelve a instalar una discusión de fondo en Bolivia y en toda la región chaqueña: cómo compatibilizar la necesidad de energía y desarrollo con la preservación de uno de los ecosistemas fluviales más importantes de Sudamérica.
Qué dicen los que están a favor
"Según los impulsores de la obra, el complejo tendría capacidad para generar alrededor de 360 megavatios (MW) de energía eléctrica y permitiría habilitar sistemas de riego para cerca de 90.000 hectáreas agrícolas en la región del Chaco, una de las zonas históricamente golpeadas por la sequía", informó el diario El País de Tarija. Esta generación es sólo para Bolivia.
El bloque de activistas bolivianos que respalda el proyecto sostiene que El Carrizal representa una alternativa estratégica frente a la caída de los ingresos hidrocarburíferos y la necesidad de diversificar la matriz energética del vecino país. Entre quienes promueven la iniciativa se encuentran autoridades departamentales, comités cívicos, brigadas parlamentarias y los comités impulsores conformados en Tarija y Chuquisaca.
Sin embargo, del otro lado crece la resistencia de sectores indígenas, ambientalistas y pobladores que temen daños irreversibles sobre la cuenca del Pilcomayo y las actividades económicas que dependen de este río.
Salta no tiene una postura definida y la tendría que tener. En realidad, es la Cancillería argentina la que tendría que tener un posicionamiento. Pero se sabe que la concepción de un gobierno libertario es no entrometerse en los usos de los ríos; es más: se sabe el alineamiento ideológico de Rodrigo Paz con Javier Milei. Por eso es que la Provincia debería responder ante la población de Santa Victoria Este con al menos información. El Tribuno intentó comunicarse con el secretario de Recursos Hídricos, Mauricio Romero, sin tener, hasta ahora, respuesta.
Una prueba de fuego
El "bautismo de fuego", de este relanzamiento, se dará este viernes 29 de mayo, a las 9, en la ciudad boliviana de Villa Montes. El proyecto hidroeléctrico El Carrizal volverá a instalar el debate, por lo que se ha convocado a una "reunión de socialización" donde afirman que el Comité Impulsor de la iniciativa expondrá los alcances técnicos y económicos de la obra. Del otro lado estarán las organizaciones ambientales, pueblos indígenas y defensores del río Pilcomayo que ya están preparando una batería de observaciones sobre los posibles impactos ecológicos y sociales que podría generar la represa.
Es más que seguro que el mitin reunirá a autoridades el Ejecutivo Regional, de la Asamblea Regional, alcaldes, concejales, organizaciones sociales, ONGs, representantes de sectores productivos y prensa en general. Habrá que ver si alguien de nuestra provincia asiste.
El informe de los científicos
Veinte científicos de Argentina, Países Bajos, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos y Bolivia advirtieron en 2022 que el proyecto El Carrizal alterará la integridad ecológica de la cuenca del río Pilcomayo, le provocará una reducción de caudal, modificará su régimen natural y conducirá a una reducción del área apta para el crecimiento del sábalo, aumentando la mortalidad natural y reduciendo posteriormente el reclutamiento de los peces en las pesquerías.
A través de un documento, los científicos, encabezados por Alfons Smolders (Países Bajos) y Claudio Baigun (Argentina), quienes han estudiado el Pilcomayo durante más de 25 años, aseguran que la represa afectará el ciclo de vida del sábalo (la especie piscícola emblemática de este río). Como consecuencia, advirtieron que se perderá rendimiento pesquero con los consiguientes perjuicios para los pescadores indígenas que tienen una fuerte dependencia con este recurso y que habitan, además de en Bolivia, también en Paraguay y Argentina.
Los científicos advierten que la represa alteraría la dinámica natural del Pilcomayo, especialmente el transporte de agua y sedimentos que caracteriza al río y da origen a extensos humedales fundamentales para la reproducción de peces como el sábalo. Según sostienen, la regulación del caudal reduciría las áreas aptas para el crecimiento y desove de las especies migratorias, afectando directamente la pesca que sostiene a miles de familias de Bolivia, Argentina y Paraguay.
El documento también alerta sobre posibles consecuencias sociales, como el desplazamiento de pobladores, la pérdida de sistemas productivos tradicionales y la afectación de economías regionales vinculadas a la pesca. A ello se suman riesgos de salinización de tierras agrícolas, acumulación de sedimentos contaminados y deterioro irreversible de ecosistemas de alto valor ambiental.
En sus conclusiones, los especialistas consideran que el Proyecto Carrizal podría generar “más perjuicios que beneficios” y reclaman revisar su factibilidad ambiental, social, económica y técnica. En contrapartida, proponen impulsar modelos de desarrollo sustentable basados en la conservación de los humedales, el aprovechamiento racional de la biodiversidad, el ecoturismo y tecnologías alternativas para el uso del agua y la energía.
“La biodiversidad y los servicios ecosistémicos del Pilcomayo representan un valor estratégico para las futuras generaciones”, señalan, al tiempo que sostienen que la naturaleza “no pertenece al ser humano, sino que debe ser preservada para garantizar el futuro de las próximas generaciones”.